domingo, 1 de septiembre de 2013

1 de Septiembre.

"Las palabras nunca alcanzan
cuando lo que hay que decir desborda el alma"
(Julio Cortázar)



1 de septiembre de 1895.

Candelaria tiene miedo. A sus 33 años viste de luto riguroso y ya sabe lo que es un parto. Los dolores van en aumento y con cada contracción se le atenaza el corazón al pensar en la niñita que perdió hace un año. También sabe lo que es la pena: Adoración Juliana falleció a los siete meses víctima de una gastroenteritis. Era su segunda hija.

Cecilio, su marido, también tiene 33 años. Apenas llevan seis años casados y espera ilusionado su tercer hijo. Tal vez haya suerte y esta vez sea un varón, piensa. Hoy llegó antes de lo habitual a casa de su trabajo en el campo y la había obligado a meterse en la cama con la promesa de que él se encargaría de la Sagrario, la hija mayor, y de avisar a la partera. Era domingo y por tanto, no había que atender la carnicería.

A las seis de la tarde y en la casa que ocupaba el matrimonio en la Calle Prior de Torrubia del Campo (*), vino al mundo Gil Arturo Torres Barranco, mi abuelo, nieto por línea paterna de Juan Francisco Torres y de Alejandra Gutiérrez, ambos ya difuntos cuando nació su nieto y naturales de la misma villa, y por línea materna de Luis Barranco y Gregoria Plaza, naturales de Torrubia del Campo y El Acebrón respectivamente.


1 de septiembre de 1939.

Es viernes y aún no ha amanecido, pero Arturo está despierto. Ignora que hace apenas dos horas Alemania acaba de invadir Polonia. Ignora que acaba de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Contempla como Juana amamanta a Gonzalo, su pequeño hijo de seis meses.  Sagrario, Adoración y Arturo duermen. Dentro de poco comenzará a clarear el día y le espera una dura jornada en el campo. Intentará con la ayuda de un jornalero preparar las tierras para que el próximo año, libre de guerra ya, pueda recoger una cosecha que le garantice el sustento de la familia. En apenas un mes comenzará la vendimia en la Cuesta Malgacenas. Si ésta es aceptable tendrá liquidez para invertir en la futura siembra.

Se incorpora de la cama con cansancio y en silencio. Desde que terminó la Guerra no ha conseguido dormir bien. Aunque intenta convencerse de que no hay motivo para sentir miedo, no lo consigue. Su implicación con el Frente Popular y su militancia en Izquierda Republicana sabe que no pasarán desapercibidas para los nuevos valedores de la Patria.

Antes de terminar de lavarse la cara escucha unos pasos y a continuación alguien golpea la albada de la puerta bruscamente. A medio vestir, sin peinar, y secándose el agua que le resbala por el cuello se apresura en abrir. Según avanza cae en la cuenta de que ese día cumple 44 años. Está cansado, muy cansado.

Al otro lado del portón una pareja de la Guardia Civil y algunos falangistas de la localidad. No hay cruce de palabras. Tan solo insultos que le incluyen de inmediato en la lista de las hordas rojas que quiere aniquilar el cudilloporlagraciadedios. Mientras le conducen a la cárcel del pueblo siente uno a uno en su cansado cuerpo los golpes de las culatas de las escopetas. Después el silencio y tal vez el miedo, mucho miedo.



*

(*)Toda la familia del abuelo por línea paterna había nacido en la villa de Torrubia del Campo y en cuanto a la línea materna, hasta donde conozco, gran parte de ella. En la Desamortización (de Mendizabal) de bienes rústicos pertenecientes al clero durante los años 1836-1945 en Torrubia del Campo, se hace referencia a un antepasado del abuelo:

“Galo Barranco, vecino de Torrubia, labrador acomodado. En el año 1843 compró 88,48 hectáras. en Torrubia por 18.080 reales de vellón”


María Torres
Nieta de un republicano español.


5 comentarios:

Mireia Nieto dijo...

Acabo de descubrir tu blog y lo estoy leyendo de cabo a rabo. Me gustaría hablar de tu investigación en el mío: www.tataranietos.com.
Ánimo con tu búsqueda y hasta pronto!

María Torres dijo...

Hola Mireia,
Te dejo un correo para que podamos comunicarnos.
Un abrazo.
María Torres
martorcel@gmail.com

Jesus Pizarro dijo...

Hola Maria, acabo de leer lo de tu abuelo, tan parecido a lo que me han contado del mio. Lo poco que se de aquello. "La transicion cubrio sus vidas con un velo de indiferencia". Y la democracia refuerza la ignorancia de aquellos que no quieren conocer la verdad. Pocos de mi familia materna ha querido conocer la verdad y entenderla. Han preferido aferrarse a los cuentos de una falsa religion. Ls mentiras de la falsa religion de los asesinos

Floren Dimas dijo...

Hola María.

Relatas con fidelidad el guión de los miedos de nuestros abuelos republicanos, hasta el minuto anterior al momento de su detención... luego, el miedo se tornó en pavor.

No es difícil imaginarse los sentimientos que de orto a ocaso martillería con clavos de acerada terror, el contemplar en el entorno inmediato, en los pueblos de al lado, en el propio, en donde se vive, en la calles... en la casa de al lado. Un conocido, un amigo, acaso un familiar, arrestado por los civiles o los falangistas, conducidos al cuartelillo, a los sótanos del ayuntamiento o a la cárcel, ante la satisfacción de sus vecinos fascistas y ante las ventanas y postigos cerrados, de los que esconden sus pánicos y miedos, hurtándose de ser vistos por los nuevos inquisidores..., hoy han pasado de largo, pero ya veremos si mañana...

Aquella vana esperanza de "Nada tema de la justicia quien no tenga las manos manchadas de sangre", al que se agarraron aquellos buenos republicanos, quizás queriendo engañarse a sí mismo, para sobrellevar la derrota hasta donde se pudiese, se vió truncada al momento de ser atadas sus muñecas con una cuerda, junto con otros detenidos. Eran republicanos que creyeron en una España libre y justa. Carne de paredón, de presidio, de hambre y de desesperación.

Nadie pagó por estas injusticias.
Ni Franco, ni nadie de los decenas de miles de asesinos, inductores cómplices y encubridores, elementos todos necesarios para completar el programa de exterminio que se extendió (y se extiende aún hoy) desde aquel "caudillo" sanguinario, al último de los funcionarios que lo ejecutaron. Miles de ellos (policías, guardia civiles, militares, jefes de prisiones, cuartellilos, jueces, fiscales...), miles de hienas, viejas, encorvadas, renqueantes, incluso enfermas o moribundas, que siguen arrastrando en su vejez su odio y su mala baba por este mundo, sin haber perdido perdón y que NADIE les haya dicho en su cara lobuna: "¡¡Muérete ya, asesino de mierda!!" Que la biología cumpla con lo que la Justicia negó a sus vístimas. ¡Al infierno con éllos!.

María Torres dijo...

Estimado Floren,
Nadie pagó y nadie está dispuesto a pagar esas injusticias.
Todos nos dan la espalda, esos, los mismos, sus herederos ...
Tan solo nos queda recuperar la memoria de tantos, y gritarla a los cuatro vientos, para que el olvido no absuelva a los verdugos.
Tan solo nos queda seguir militando en la Memoria. La Memoria como resistencia.
Un fuerte abrazo.